Desespero Vial
Tuve consultorio psicológico 10 años de mi vida profesional, hace mucho decidí cerrarlo para no atender problemas…
Tuve consultorio psicológico 10 años de mi vida profesional, hace mucho decidí cerrarlo para no atender problemas individuales, quise dedicarme a la investigación, prevención y promoción de estilos de vida más saludables y a la gestión del desarrollo humano.
Por estos días he tenido que volver a abrir el consultorio, pero esta vez no ha sido en un lugar físico, estoy haciendo consulta de manera ambulante sacando la cabeza por la estrecha ventana de mi carrito y lo hago sólo en la espera del cambio de los semáforos. ¿El motivo?, apaciguar temporalmente la enfermedad viral de DESESPERO VIAL que está contagiando a los conductores y pasajeros frente a los problemas de movilidad, “¡LA BENDITA CONGESTIÓN ES A TODA HORA! y EN TODAS PARTES!”, me dicen mis nuevos pacientes.
DV: Desespero Vial, por la congestión en el tráfico, es el diagnóstico. ¡Alerta!, este desespero ha cobrado un alto costo en la salud mental y en el estado de bienestar subjetivo de nuestra gente; la enfermedad se está robando los buenos modales, el sentido común, trato amable y la calidez humana tan propia de quienes habitamos en Barranquilla. Llegó el amargue y se está quedando cómodamente instalado y sin pedir permiso; han desaparecido las sonrisas y los saludos espontáneos en los semáforos y veo con preocupación que se han erradicado las ganas de ver las flores, seguir la canción de la radio o dialogar con los pasajeros.
¡Cuidado!, el Desespero Vial es muy peligroso, evite ser contagiado. Sé que el problema es justificado y que requerimos de un manejo más inteligente del tráfico y de la disminución del parque automotor que circula actualmente por las calles, pero desde mi rol de psicóloga callejera y promotora de Ciudadanos de Honor, pienso que el antídoto más efectivo, mientras se reparan la vías y se resuelven problemas estructurales, es el de la tolerancia y a buen modo costeño, una dosis de “cógela suave, mi llave”, combinada con “voy a salir más temprano”. Finalmente todos somos parte de la causa y padecemos la misma enfermedad, no podemos quedarnos de manos cruzadas y en fecunda neurosis.
¿Crees que sufres Desespero Vial? Los síntomas se detectan fácilmente: si pitas con insistencia, bajas el vidrio, gritas, insultas, manoteas, te atraviesas bruscamente, cierras la vía y vociferas palabras soeces, seguramente estás contagiad
- Responsabilízate y ayúdanos a prevenir esta enfermedad urbana que se propaga, si es posible usa transporte masivo, ve en carro compartido, saca la bicicleta y cuando la distancia sea corta desplázate con tu propia locomoción. Juntos ¡hagamos algo y que sea pronto! Es preocupante porque este desespero vial está tomando características de una pandemia: definida como la multiplicación de una enfermedad que da a seres humanos a lo largo de un área geográficamente muy extensa.
Los Barranquilleros ya sienten predisposición neurótica antes de salir a la calle, de ir a sus trabajos o lugares de estudio. “La movilidad es un derecho humano, y no es sinónimo de tráfico”, dice Udo Becker, experto en tráfico y ecología de la universidad técnica de Dresde en Alemania.
Seamos Ciudadanos de Honor con responsabilidad compartida. Reduce pitar, reduce la intolerancia, para y deja pasar, y notarás que el desespero se irá progresivamente de nuestras vidas.
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